Homilías Obispo
 
Homilía en la Catedral de Orizaba
Domingo XXI del tiempo ordinario
22 de Agosto de 2010
Muy queridos hermanos:
Parece que el mensaje de este domingo es: Que la vida cuesta, si queremos luego disfrutar la vida verdadera, la eterna.

Todo mundo queremos pasarla bien aquí y allá; pero tal vez no sea tan fácil que en ambas partes gocemos todo. ¿Se acuerdan de aquel hombre rico que dice el Evangelio que se la pasaba banqueteando, bebiendo y comiendo de todo, que nunca sufría nada; y que en la puerta de su casa, en la calle, en el suelo había un hombre que solo sufría y no comía ni las migajas que caían de la mesa del rico? Y ¿cómo después les tocó al revés?, bueno, pues no lo olvidemos; aunque no quiere decir que vamos a buscar estar de lo peor, para que luego nos toque lo mejor. Nos vamos a preguntar ¿Cuál es la voluntad de Dios? ¿Qué nos encargó, qué capacidades y posibilidades nos dio?, ¿Qué es lo que espera de nosotros? ¿Cuántos denarios nos dio para administrar?, etc. ¿les parece?

Yo creo que este domingo, como muchos otros, es de mucha trascendencia para nuestra forma de vivir la religión; si no nos damos cuenta de lo que tenemos para disfrutarlo ciertamente, pero también para compartirlo, para enseñarlo, para cultivarlo; y luego dar buena cuenta de los frutos que logramos conseguir.
Así exactamente como dice Jesús que debemos hacer con las cosas muchas o pocas que el Señor, nuestro Dios nos confió, a cada uno según nuestra capacidad. A cada quién nos dio creo que mucho; o por lo menos más que a muchos otros hermanos, que conocemos; y también probablemente menos que a muchos otros, que también conocemos.

A todos, nos enseña hoy la Palabra de Dios, nos va a costar, y en ocasiones muchos sacrificios, eso significa la puerta angosta, cumplir bien nuestra tarea, pero eso si, de seguro, el Señor, no nos dejará de su mano, nos asistirá como Él mismo promete y como siempre lo ha hecho con todos. Serán días de prueba y dolor, algunos, pero otros serán de alegría y satisfacción; de triunfos y llenos de esperanza, acuérdense que así también lo vivió Jesús.
Hoy que pensamos en la necesidad del sufrimiento para merecer, de la prueba, tal vez del dolor, de las carencias, miren: coincide con la fiesta de Santa María Reina, nuestra Señora, que siempre viene a ser modelo y ejemplo para nosotros sus hijos. Vaya que a Ella le costó vivir su entrega: “Una espada te atravesará el alma” y así fue; pero siempre fiel, confiada, segura en la Palabra del Señor.
El Espíritu Santo siempre estuvo junto a María, para llenarla de fortaleza. También el Espíritu Santo está siempre junto a nosotros; y estará, si lo invocamos; eso lo hemos reflexionado muchas veces, porque nos lo ha dicho la Palabra de Dios en otros muchos domingos. Y la conclusión ha sido confianza en Jesús, que nos salva.

A la pregunta llena de angustia que le hicieron a Cristo: ¿es verdad que son pocos los que se salvan?, como diciendo: ¿Yo no me voy a salvar? Jesús responde directamente, dando la orientación oportuna: “entra por la puerta angosta”, ser empeñosos en buscar el Reino de Dios y su justicia; en varias ocasiones Jesús así les respondía: buscar el Reino, guardar la Palabra de Dios, buscar su justicia, amar al hermano, perdonar al hermano; no solo decir: “Señor, Señor”, o Señor, hemos comido contigo, o somos de los tuyos; porque los primeros pueden pasar a ser los últimos; y los últimos pasar a ser los primeros.
¡Qué providencial que los domingos Dios nos oriente con su Palabra, y nos vaya diciendo por dónde podemos dar nuestros pasos de manera que busquemos y encontremos su voluntad, para luego poder cumplirla!

Finalmente siento que la Palabra de Dios de este domingo es un aviso para no “dormirnos en nuestros laureles”, pensando que sería suficiente pertenecer a alguna asociación o grupo, o ser padrecito, u obispo, monjita, o algo así; sino decidirnos a las obras de caridad, que en todo momento la Palabra del Señor nos invita a culminar con ellas nuestra adhesión y respuesta a su doctrina.

La primera lectura, la de Isaías, es también una entusiasta enseñanza de Dios a propósito de su misericordia y del llamado universal, para todos los de buena voluntad; y por eso Jesús quiere que cuidemos el estar atentos: “Va a llamar a todos, los de cualquier nación, de cualquier pueblo, los que escuchen a sus mensajeros, los bien intencionados; aunque nunca lo hubieran conocido. Dios tiene el corazón grande, amplio, nos llama a todos, ahí vamos todos, si queremos.

¡Qué Santa María Reina, nuestra Señora, que hoy también celebramos, nos lleve a su lado e interceda ante su Hijo por nuestras familias, y San Miguel nos defienda siempre.

Amén.
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